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on determinación y paciencia, una vieja fotografía de los tiempos del garimpo, la explotación minera, se reformó en un bello ejemplar arquitectónico que llama la atención de quien pasa por la entrada principal de la localidad de Lençois. El estilo colonial del edificio original fue cuidadosamente preservado en un proyecto audaz del propietario y artista plástico Alcino Caetano, que volvió a erigir así el orgullo de la ciudad.

El caserón está decorado con muebles antiguos, azulejos y piezas de cerámica pintadas por el artista. En su estudio, creó una técnica exclusiva mediante la cual, en lugar de pintura, utiliza arcilla de las antiguas minas de la región.

Para quien desee disfrutar al máximo las emociones de la Chapada Diamantina, o simplemente relajarse en un pueblo apacible como Lençois, el Hostal de Alcino es el lugar ideal para reponer energías.

Alojamiento

Alcino recibe a sus huéspedes como a invitados en su casa. Dispone de cuatro suites con aire acondicionado y otras tres habitaciones sencillas con cuatro baños compartidos.

Las áreas comunes complementan el acogedor ambiente del lugar. Cuenta con terrazas con hamacas, acceso a internet, estudio de arte, biblioteca, aparcamiento, jardín y un huerto de 3.000 m2.

Desayuno

Más que una necesidad alimenticia, el desayuno de Alcino es un puro placer. El esmero que le dedica el anfitrión se hace patente en cada detalle y convierte esta colación diaria en un verdadero ritual de degustación. Al sentarse a la mesa, olvídese de las palabras prisa y dieta y disfrute de cada instante.

La sucesión de manjares impresiona por su variedad y riqueza de combinaciones. El cuidado de Alcino, siempre atento a la temperatura de los panes, tortas y bizcochos, así como al ritmo de los comensales para servir las siguientes delicias, deja a cualquiera mal acostumbrado.

Cada desayuno es único en el Hostal de Alcino, aunque, en general, la colación se abre con un surtido de frutas, seguido por tés e infusiones, café, jugos de fruta y yogures, entre los que sobresale el de membrillo rústico de guayaba.

Los panes van desde el integral hasta uno casero de calabaza con semillas de amapola, y las tortas constituyen un capítulo aparte, tanto las saladas como las dulces.

A fin de aguzar aún más el paladar, cabe mencionar la tapioca recién hecha, los bollos calientes, las confituras y una deliciosa mantequilla con hojas frescas de albahaca. Y eso por no hablar de los embutidos, las tortillas y las hortalizas calientes.

La vajilla en la que se sirven estas deliciosos manjares lleva también el toque personal de Alcino: la pinta él mismo en su estudio.

Todo este esmero y trabajo proporciona una experiencia inolvidable para el paladar. ¡Véngase a vivirla!

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